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sábado, 5 de noviembre de 2011

Poesía Concepcionista 


A SANTA BEATRIZ DE SILVA

 
¡Al contemplarte, oh Madre!, en los altares ornada con la aureola de los Santos,
me llego hasta tus pies para ofrecerte como ofrenda de amor, mis tiernos cantos.

Son tantas las finezas con que el cielo bordó tu vida angelical y pura,
que no acierta mi labio, cual quisiera delinear tu regia y celestial figura.

Dotada de belleza cual ninguna otra mujer que en ese tiempo había,
eras como azucena, que entre espinas su pureza y decoro defendía.

Por eso aquella flor brilló esplendente ante los ojos de una corte insana;
y lució tu virtud diáfana y pura cuando la envidia salpicó tu fama.

Son los senderos porque Cristo quiere llevarte al pedestal de excelsa gloria;
son caminos de Dios, que no conoces, pero que quedan fijos en tu historia.

Cuando la Reina en su furor pretende tronchar tu bella juventud florida,
ante tus ojos angustiados miras el derrotero de tu santa vida.

Y en el cofre fatídico contemplas la bella aparición que te sostiene;
y en lugar de los tules de la muerte, con albas nubes a envolverte viene.

Allí ofreces a Dios tu vida y alma que El recibe por manos de María;
allí escuchas la voz del que te llama, un bello ideal a realizar un día.

Dejas la corte, teatro de tus luchas y te escondes del mundo a las miradas;
y en el silencio y la oración se templan  las virtudes, en tu alma cultivadas.

Y así esperas que suene en los eternos designios del Señor, la hora escogida
para llevar a cabo la Obra magna en honor de su Madre bendecida.

La Católica Reina, hija de aquella que te pusiera en lóbrega prisión,
fue la escogida para darte ayuda en tu Orden de la Santa Concepción.

El Pontífice aprueba el real proyecto y una Bula extendió, que bendecía
y daba vida a la naciente obra para ensalzar las glorias de María.

Pero la Bula pereció en los mares llenando tu noble alma de amargura;
suplicaste al Señor y, del profundo con su inmenso poder saca la Bula.

Puso a prueba el Señor tu fe grandiosa y cuando el fruto de tu amor esperas,
un mensaje te manda, porque sepas que has de morir sin que este fruto vieras.

Como primera flor del vergel santo la Iglesia te recibe en tu última hora,
te viste las insignias de tu Orden  y reconoce en ti su fundadora.
Y si es que falta un sello que acredite ante el mundo tu noble primacía,
al morir, en tu frente, linda estrella con fulgor celestial resplandecía.

Desde el cielo Tú sigues protegiendo la tierna planta con materno amor;
y hoy se, extiende grandiosa por el mundo, prez de la Iglesia, gloria del Señor.

Y así se forma el escuadrón sagrado que con júbilo hoy tu gloria canta
al verte por la Iglesia proclamada con el sublime título de SANTA.

Santa Beatriz de Silva, Madre amada, tu luz llena de luces celestiales
este siglo de luz que anda en tinieblas perdido entre los bienes terrenales.

Haz que siempre, tu estrella bendecida derrame su fulgor en nuestra senda;
y siguiendo tus huellas consigamos la bendición de Dios, cual rica prenda.

Bendice a Paulo VI que te exalta ante el  mundo, y ofrece reverente
de virtud ejemplar segura pauta al coronar de honor tu regia frente.

Extiende sobre el mundo tu mirada, alcánzanos la paz y el santo amor;
y que yendo por sendas de justicia, celebremos las glorias del Señor.

(En la Canonización de la santa fundadora. El  3 de oct. de 1976).


¡ECCE HOMO! 


Señor, del alma mía  los últimos lamentos hoy en tu honor yo quiero se dejen escuchar.
Recibe de mi pecho los puros sentimientos, puesto que Tú tan solo los sabes inspirar.
Bajo las suaves brisas de tu mansión bendita, abriéronse las flores de mi primera edad;
fueron tus encantos, fue tu gracia infinita, los que prendaron mi alma, oh Dios de majestad.
De majestad, he dicho ¿Cómo es, pues, que sumido en piélago infinito, te miro, de dolor?...
¿Cómo es que te contemplo, oh Dios manso y rendido en manos de la plebe, que ultraja así tu honor?
Tu frente sacrosanta de espinas coronada, doblégase sumisa, ante la afrenta cruel.
Es esta por ventura, la aureola destinada al que los  mismos cielos le sirven de escabel?
Y el cetro ignominioso que allí en tus manos veo, tus manos poderosas que rigen tierra y mar..... Más Tú eres Rey de reyes, Señor, yo así lo oreo, por más que tu realeza quisieron profanar.
La púrpura  oprobiosa que cubre tus espaldas, es de irrisión el manto que el mundo te legó a Ti, que el regio manto del monte al1á en las faldas, con múltiples colores de flores salpicó.
¡0h! déjame, Dios mío, que ante bajeza tanta, mi espíritu se postre, te rinda adoración
Y si en delirio loco la humillación me espanta, que abaje mi soberbia tal cuadro de abyección.
Calle la lira mía ante el dolor sublime  que aflige así tu Pecho, mi dulce Redentor
Y ante ante la honda pena que al pecador redime, desátese mi alma en ayes de dolor:

EL AMIGO DE EMAÚS


Oh Jesús ya se hace tarde y anochece en el canino;
y se agotan nuestras fuerzas por la lucha, buen Amigo.
Que te quedes con nosotros  te pedimos este día.
En la Santa Eucaristía, nuestra fuerza, nuestra luz,
sigue siendo compañero, dulce Amigo de Emaús.
De tu Cuerpo y de tu Sangre  danos hambre, Jesús bueno;
esta será nuestra fuerza  al marchar por el destierro.
Con esta comida sacra,  en el Tabor o en la Cruz,
siguiendo sobre tus huellas, de tus ojos a la luz,
iremos siempre seguros, dulce Amigo de Emaús.
Sentado bajo la sombra oh Señor de tu Sagrario,
allí te encontramos siempre nuestro Amigo, nuestro Hermano.
No te vayas, Jesús bueno, camino, verdad y luz,
En el gozo, en la tristeza, nuestro centro serás Tú;
nuestro amor y fortaleza, dulce Amigo de Emaús.

Tomados del libro "Fraternales Recuerdos" de la Madre Soledad del Calvario. 

  

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